martes, 6 de mayo de 2008

Que nos sucede a las madres cuando no dedicamos tiempo a alimentar nuestro espíritu?

Cayó en mis manos el libro "Una Madre conforme al corazón de Dios" y me encanto esta parte:

Primero: Alimentarnos espiritualmente

Una madre conforme al corazón de Dios alimenta su alma, pero también está atenta a alimentar la de sus hijos. ¿Qué pasará si nuestro corazón está consagrado al Señor?, ¿Qué ocurrirá si nuestro corazón está lleno de su instrucción y de amor por El? Seremos madres piadosas. Y así… ¡sólo así!... podremos enseñar con mayor eficacia la Palabra de Dios a nuestros hijos. Si llenamos nuestro corazón de la palabra de Dios, (leer a diario la Biblia) ésta tiene un efecto transformador en nuestras vidas, transforma nuestro desempeño como madres y también transforma el ambiente de nuestro hogar.

Si soy carnal manifiestas serán las obras de la carne, entre los niños habrá gritos, contiendas, ofensas, menosprecio, incluso bofetadas, empujones y forcejeos. Sin embargo, con un corazón sediento de Dios, puedes levantarte y leer 15 minutos la Palabra de Dios y quedar llena de su Amor, te entusiasma la revelación de su palabra, no te desanimas ni quedas apática de la vida. Dejas de lado la mundanalidad y centras tu mente y corazón en las cosas de arriba y el fruto del Espíritu de Dios se hace evidente “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”
¿Cómo logra una madre manejar un día agitado? ¿Cómo maneja, de forma agradable a Dios, su matrimonio, su hogar, su primer bebé, el segundo, el tercero… que en un abrir y cerrar de ojos se convierten en hijos inquietos? Respuesta: busca la fortaleza divina y la paz que brinda la Palabra de Dios. ¡Y ese es el secreto, el gran secreto!

Que nos sucede a las madres cuando no dedicamos tiempo a alimentar nuestro espíritu?

“… me agoto. Cuando no hemos alimentado nuestro espíritu, nuestro corazón queda vacio e inestable. Sin alimento espiritual nuestra labor como madres es vana, y la evidencia de nuestra apatía comienza a notarse en nuestros hijos. Todo se vuelve monótono y carece de fuerza espiritual, propósito, motivación, emoción y resultados tanto en padres como en hijos. Si hemos perdido la motivación nuestra maternidad se vuelve insulsa y aburrida. Sin darnos cuenta funcionamos con el piloto automático.
Terminamos cediendo en la lucha por seguir las normas divinas y una conducta recta. Empezamos a conformarnos con la situación como está. No nos esforzamos por velar en cumplir el llamado de Dios como madres. Fracasamos en el intento de encaminar siempre el corazón de nuestros hijos hacia lo celestial….. y nos centramos en las cosas de este mundo. Si nos afanamos por las cosas de este mundo y nos enamoramos de sus afanes y recompensas, nuestra maternidad será mundana. No seguiremos los principios y caminos de Dios. Caminaremos y educaremos a nuestros hijos según el modelo del mundo. Seremos laxos en las normas de conducta y en las pautas de disciplina. Las cosas de este mundo se abrirán paso en nuestros hogares y en el corazón de nuestros hijos..”

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